Ayer comencé a pensar algunas cosas, hoy por la mañana al despertarme seguía con ese rollo. Jo! Malditas extremidades que me hacen mover! Maldito calor que hace que transpire! Maldito vos que me mirás como triunfante, maldito el color de sus ojos.
Nunca dominé el deseo asesino que a veces, solo a veces poseo. Anoche en la fiesta miré una persona que solo disfrutaba hablando con una joven, posiblemente su novia, y en un momento me entraron ganas de partirle la crisma de un solo golpe. ¡Con que precaución de ahora más tendría que ir ese tío!. Si fuese él ya me habría salido de la fiesta, pero no, el muy hijoputa se quedaba y seguía moviendo su bocota, llena de dientes que se disparaban para todos lados, siempre odie a las personas que tienen dientes que apuntas hacía afuera de la boca, es algo que me revienta. Yo desde un rincón lo miraba fijo, ni notó mi presencia. ¿Tan poca fuerza en la mirada tenía? Mientras tanto tomaba whisky con un poco de soda y cerveza en un vaso del tamaño de mi cabeza, tranquilamente podía ahogarme en ese vaso, de hecho quería, no aguantaba verlo a aquel tío alardear de sus dotes físicos, mentales y sus tantas amistades que seguramente lo habrían ayudado en algún proyecto decadente del cual hablaba con orgulloso. ¡Como odiaba a aquel tío! Tenía el presentimiento de que en algún momento me pasaría lo mismo con todas las personas de la fiesta. Intenté calmarme y después de un segundo en silencio y sin tomar ni una gota de alcohol me decidí a encararlo y romperle su cabezota contra la pared, abrírsela de par en par he irme triunfante y sin remordimiento. En cada paso, en cada movimiento mi odio hacía aquel insignificante ser aumentaba, lo veía ahí parado con su camiseta nueva, recién planchada, ni una sola gota de vino sobre ella, ni un solo pliegue, ni un solo agujero, su pantalón recto de ese jean más clarito , que siempre, siempre odie, sus zapatos deportivos, esos de muchos colores con cordones redondeados, los odio. Y yo sucio, lleno de cerveza en la camisa que hace poco había adquirido, lleno de grasa en mi carota, caminando sin golpear a nadie pero recto, directamente a él. Tenía una botella de vino en la mano, pensaba partírsela en el mismo momento en el que aquel desdichado pusiera su mirada en mis pequeños y desagradables ojos. Estaba muy cerca de su pantomima, seguía haciéndose el indio, tan bien le salía. Estaba cerca, a punto de cometer el asesinato cuando un extraño sentimiento de bondad vino a mí y no pude hacer nada, me dio tanto asco, me dí tanto asco, había estado horas planeando todo, y de repente no pude, me sentía un inservible, un estúpido, la peor persona del planeta. Salí de la fiesta y me di cuenta que era Navidad, con razón no pude.
viernes, 25 de diciembre de 2009
lunes, 30 de noviembre de 2009
los últimos textos
Los últimos textos son viejos, es que no puedo sentarme a escribir. Estoy todo el tiempo pensando en vos y ya no sé si eso me gusta o no. Así de Confuso y simple.
Por la ventana el día se asomaba gris, la casa se convertía. Ella desistió de llorar para hacerse cargo de sus torpezas, “perdón” le gritaba una y otra vez, estaba arrepentida del tiempo que le había hecho perder, según decía. Él cansado de escucharla, entre palabras vacías, la agarró por la espalda se la apoyó bien fuerte y en el oído le dijo algo que ella hasta el día de hoy no logra discernir pero que igual la calentó, se mojó al instante, él le levantó la pollera y con el torso en la mesa, ella gritaba mirándose al espejo inmenso que había en la pared, él con los pantalones hasta la rodilla no paraba de meterla y sacarla con fuerza sintiendo como cada vez le costaba menos. Del edificio de enfrente un vecino miraba un poco el gran desempeño del varón, es que los gritos llamaban la atención habría declarado en una mesa de amigos más adelante.
Caminás pegándote al piso, te acabás de levantar. De un momento a otro te llenas de mierda, te llenas de hijos de puta, te dás cuenta que la oportunidad no es para todos, te vas desarmando antes de llegar al living, se te van cayendo las partes obsoletas que usabas de cuerpo, se te van cayendo, se te cae todo. Te arrastras por el piso de madera que ya perdió el brillo, te acercás cada vez más, te duele, no tenés forma de llegar y una vez que llegaste no tenés la más puta idea de porque estas ahí.
sábado, 3 de octubre de 2009
VIOLETA
Para salvarme del gran dilema de relacionarse, apareció Violeta, una muchacha muy bonita de unos 26 años, mantenida por los padres.
La muy puta se acercaba sin decir palabra, venía al acecho, poniendo asechanza. Se acercaba como un tigre hambriento. Necesitaba, ella, que se me pusiera roja. Me sentía yo, como un perro en pleno invierno furioso. Cabezón y lastimero. Ya sabía aullar, era casi un perro de verdad.
Cuando llegamos a su casa, se desnudo instantáneamente. Las noches no se recuerdan en estos casos. No se recuerdan las acciones, solo los actos. Sino ¿Como aguantaríamos la cabeza? ¡A fuerza de pulmón nos ponemos más hijoputa con las horas!
Por un momento nos convertimos en niños(Los niños no conocen la ley).Eso nos enamoraba un poco más.
Violeta siempre quería hacerlo sin hablar.
¡Como le gustaba! Sin embargo no me causaba rechazo, lo hacía con tal gracia que por momentos hasta la envidaba. Ella la pasaba mucho mejor, eso era lo más visible de la relación. Se retorcía para todos lados, se manejaba en los felinos, pasaba de tigre a gato sin escala.
Al terminar casi siempre nos quedábamos tiempo indefinido, hasta dormirnos, mirándonos. Me maravillaba ver las gotas de sudor cayendo de pezón a pezón. Esos momentos hay que disfrutarlos, sin ningún tipo de escrúpulo mental. La miraba de pies a cabeza, los cabellos pegados en su frente resaltaban sus ojos de un color rarísimo, siempre me decía el color que era, yo nunca lo recordaba. A ella le gustaba ver como se me hacía más chiquita pasando las horas, quedaba roja, hinchada, un horror. No se como le gustaba tal cosa, eso si me repugnaba por completo. Pero bueno, era mi cuerpo, muchas cosas no me gustaban de él, para eso la tenía a ella que adoptaba posiciones para que no deje de mirarla.
A la mañana nos despertábamos con el sol en la cara, parecía que habíamos dormido a la intemperie.¡Ni una sola cortina! A ella le fascinaba eso, yo por mi parte hubiese escondido el sol por una o dos horas más. Me levantaba de la cama, ni un poco de intimidad, éramos uno, ni puerta en el baño.
Al terminar de lavarme la cara, seguía teniendo muy mala pinta.
“En una palabra, mientras estas en la guerra, dices que será mejor la paz y después te tragas la esperanza, como si fuera un caramelo, y luego resulta que es mierda pura” Habría leído más adelante. Era justo lo que sentía, salvando las diferencias.
Ella era muy astuta, no se dejaba engañar, sabía que íbamos a estar yendo y viniendo toda la vida.
“No importa que pase en el medio, nos vamos a casar de viejos.” Me decía.
Yo le contaba de mis planes, a veces con palabras otras con acciones, sin dejar de ser cariñoso. Ella muy perceptiva, como siempre, no se dejaba llevar por la suavidad.
Notaba que la amaba pero que por alguna cuestión debía irme.
“Tal vez sea eso lo que busquemos a lo largo de la vida, nada mas que eso, la mayor pena posible para llegar a ser uno mismo antes de morir.”
Sin saber muy bien porque, nos separamos.
Y obviamente que si no hubiese sido por mí, no dudo ni un segundo, ella hubiese estado siempre conmigo. Necesité una frialdad despiadada y un carácter chungo y frío para hacerlo, pero aún hoy defiendo un poco mi alma.
“Ella me regaló tanto cariño que si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros”.
Gracias Violeta.
La muy puta se acercaba sin decir palabra, venía al acecho, poniendo asechanza. Se acercaba como un tigre hambriento. Necesitaba, ella, que se me pusiera roja. Me sentía yo, como un perro en pleno invierno furioso. Cabezón y lastimero. Ya sabía aullar, era casi un perro de verdad.
Cuando llegamos a su casa, se desnudo instantáneamente. Las noches no se recuerdan en estos casos. No se recuerdan las acciones, solo los actos. Sino ¿Como aguantaríamos la cabeza? ¡A fuerza de pulmón nos ponemos más hijoputa con las horas!
Por un momento nos convertimos en niños(Los niños no conocen la ley).Eso nos enamoraba un poco más.
Violeta siempre quería hacerlo sin hablar.
¡Como le gustaba! Sin embargo no me causaba rechazo, lo hacía con tal gracia que por momentos hasta la envidaba. Ella la pasaba mucho mejor, eso era lo más visible de la relación. Se retorcía para todos lados, se manejaba en los felinos, pasaba de tigre a gato sin escala.
Al terminar casi siempre nos quedábamos tiempo indefinido, hasta dormirnos, mirándonos. Me maravillaba ver las gotas de sudor cayendo de pezón a pezón. Esos momentos hay que disfrutarlos, sin ningún tipo de escrúpulo mental. La miraba de pies a cabeza, los cabellos pegados en su frente resaltaban sus ojos de un color rarísimo, siempre me decía el color que era, yo nunca lo recordaba. A ella le gustaba ver como se me hacía más chiquita pasando las horas, quedaba roja, hinchada, un horror. No se como le gustaba tal cosa, eso si me repugnaba por completo. Pero bueno, era mi cuerpo, muchas cosas no me gustaban de él, para eso la tenía a ella que adoptaba posiciones para que no deje de mirarla.
A la mañana nos despertábamos con el sol en la cara, parecía que habíamos dormido a la intemperie.¡Ni una sola cortina! A ella le fascinaba eso, yo por mi parte hubiese escondido el sol por una o dos horas más. Me levantaba de la cama, ni un poco de intimidad, éramos uno, ni puerta en el baño.
Al terminar de lavarme la cara, seguía teniendo muy mala pinta.
“En una palabra, mientras estas en la guerra, dices que será mejor la paz y después te tragas la esperanza, como si fuera un caramelo, y luego resulta que es mierda pura” Habría leído más adelante. Era justo lo que sentía, salvando las diferencias.
Ella era muy astuta, no se dejaba engañar, sabía que íbamos a estar yendo y viniendo toda la vida.
“No importa que pase en el medio, nos vamos a casar de viejos.” Me decía.
Yo le contaba de mis planes, a veces con palabras otras con acciones, sin dejar de ser cariñoso. Ella muy perceptiva, como siempre, no se dejaba llevar por la suavidad.
Notaba que la amaba pero que por alguna cuestión debía irme.
“Tal vez sea eso lo que busquemos a lo largo de la vida, nada mas que eso, la mayor pena posible para llegar a ser uno mismo antes de morir.”
Sin saber muy bien porque, nos separamos.
Y obviamente que si no hubiese sido por mí, no dudo ni un segundo, ella hubiese estado siempre conmigo. Necesité una frialdad despiadada y un carácter chungo y frío para hacerlo, pero aún hoy defiendo un poco mi alma.
“Ella me regaló tanto cariño que si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros”.
Gracias Violeta.
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